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Respuesta directa · Una pregunta más allá del viaje

¿Necesita Dios nuestra adoración?

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Para situarte

El viaje mostró, solo con lógica, que debe existir un único Creador todopoderoso (Estaciones I a IV) — y que el Corán describe exactamente a este Creador (Estación V). Una pregunta que a menudo surge a continuación es esta. Las dos tradiciones del Profeta Muhammad ﷺ que se citan a continuación se reproducen a partir de traducciones al español, con un enlace a la fuente de cada una.

El principio detrás de esta pregunta se llama antropomorfismo, la atribución de características o comportamientos humanos a Dios. Puesto que normalmente pedimos algo porque lo necesitamos, algunas personas quizá se pregunten si Dios necesita nuestra adoración. Pero en realidad hay muchas cosas que hacemos sin tener una necesidad. Por ejemplo, compartir comida con una persona hambrienta, dirigir palabras de consuelo a alguien en apuros, ayudar a alguien que se ha perdido, salvar a alguien que está en peligro, y así sucesivamente. Hacemos tales cosas no porque tengamos una necesidad o queramos obtener algún beneficio. Dicho de otro modo: si nosotros, como seres humanos, realizamos actos sin beneficiarnos de ellos, ¿por qué habríamos de suponer que el Creador no puede hacerlo?

Además, que adoremos o no a nuestro Creador no cambia en nada Sus atributos o características. Imagina a un hombre que es conocido por ser muy generoso con sus visitantes. Si ya nadie lo visitara, ¿cambiaría eso el hecho de que es generoso?

No, el hombre es generoso y ama invitar a la gente a su casa para poder ejercer su generosidad. Del mismo modo, Allah es el Poseedor de los mejores atributos y características, Él es el Todoperdonador que ama perdonar, Él es el Más Generoso que ama ser generoso; adorarlo no le beneficia a Él, sino al ser humano. Por eso nos ordenó adorarlo, no porque nos necesite, sino porque nosotros lo necesitamos a Él.

¿Por qué deberíamos adorar a Dios?

La verdadera pregunta, por tanto, no es si Dios necesita nuestra adoración, sino por qué nosotros necesitamos adorarlo. La Ibadah (adoración) o la obediencia al Creador surge de forma natural en cuanto uno conoce y comprende la relación con Él. Cuando sabemos que todo lo que poseemos proviene originalmente de Dios, comprendemos que todo es un regalo Suyo, como nuestras manos, nuestras piernas, nuestro conocimiento y nuestras capacidades. ¿Estaría alguien dispuesto a vender sus ojos o sus manos? ¿O a dar a otro su capacidad de hablar, oír o saborear? Si lo miras desde esta perspectiva, te das cuenta de que se te han dado incontables regalos que no tienen precio.

Allah es Al-Kareem, Aquel que da sin pedir nada a cambio, Aquel que da a cualquiera, sea justo o no, Aquel que da incluso sin que se le pida, Aquel que te da incontables regalos e incluso te alaba y te recompensa cuando los gastas (regalos originalmente Suyos) en Su camino, por ejemplo en la caridad. Una generosidad semejante no tiene igual.

Allah es conocido como Al-Qayyum, Aquel que mantiene la existencia de todo, de modo que todo lo que ves y conoces es, en última instancia, mantenido por Allah. La alternancia de la noche y el día, el giro de cada uno de los cuerpos celestes, las fuerzas gravitatorias, los sistemas digestivo e inmunitario del cuerpo, la sangre que circula por nuestros cuerpos, cada latido del corazón de cada ser humano y de cada animal, todo es mantenido por Allah.

Además, Él es Al-Ghafaar y Al-Ghafoor, Aquel que perdona tus pecados por muy grandes que sean y por muchos que sean; Su perdón es ilimitado. El Profeta Muhammad ﷺ transmitió lo siguiente:

Dijo Anas (que Alá esté complacido con él): «Oí al Mensajero de Alá ﷺ decir: ‹Alá ha dicho: ¡Oh, hijo de Adán! Siempre que me supliques y me ruegues, te perdonaré lo que hayas hecho y no me importa. ¡Oh, hijo de Adán! Aunque tus pecados alcanzaran lo más elevado del cielo y luego me pidieras perdón, te perdonaría. ¡Oh, hijo de Adán! Aunque vinieses ante mí con pecados del tamaño de la tierra, pero te presentases ante mí sin haberme asociado nada (es decir, sin haber cometido politeísmo), vendría a ti con perdón tan grande como eso›». (Transmitido por Tirmidhi, quien dijo: es un hadiz hasan-sahih —aceptable y auténtico—).

Los Cuarenta Hadices de An-Nawawi, nº 42 — islamhouse.com

Imagina cuántos errores y pecados cometemos, y cuántos cometieron quienes nos precedieron, para que comprendas que la misericordia y el perdón de Allah no tienen parangón.

La historia del hombre que mató a cien personas

El Profeta Muhammad ﷺ transmitió la siguiente historia sobre un hombre de las gentes que nos precedieron:

De Abu Saíd Al Judrí, Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah, que Él le bendiga y le dé paz, dijo: «Hubo un hombre de las gentes que os precedieron que mató a 99 personas y preguntó por el más sabio de la tierra. Le indicaron un monje. Fue a verlo y le preguntó que si habiendo matado a 99 personas se le aceptaría su arrepentimiento (tawba). El monje le respondió: "No". Entonces lo mató a él también, completando así los cien. Después, volvió a preguntar por el más sabio de la tierra. Le indicaron a un gran sabio al que preguntó que si habiendo matado a cien personas se le aceptaría su tawba. Le respondió: "¡Sí! ¿Y quién se puede interponer entre tú y tu arrepentimiento? Debes partir hacia una tierra en la que encontrarás a unas gentes que adoran a Al-lah, Ensalzado sea. Deberás adorar a Al-lah con ellos y no regreses a tu tierra, que es tierra de maldad". Marchó y, cuando hubo recorrido la mitad del camino, le sobrevino la muerte. Entonces, los ángeles de la misericordia y los ángeles del castigo litigaron al respecto de qué hacer con él. Los primeros dijeron: "¡Venía arrepentido y con el corazón lleno de arrepentimiento hacia Al-lah, Ensalzado sea!". Dijeron los segundos: "¡En verdad nunca hizo el bien!". Entonces se sumó a ellos un ángel con apariencia humana. Lo nombraron juez entre ellos. Éste les dijo: "Medid las dos distancias (la que ha recorrido y la que le queda por recorrer) y el punto del que más cerca estuviere al morir será su veredicto". Midieron pues las dos distancias, y lo hallaron más cerca de la tierra que tenía por destino. Así que los ángeles de la misericordia tomaron su alma».

Sahih Al-Bujari y Muslim — hadeethenc.com

Esta tradición muestra que la misericordia de Allah se extiende incluso a quienes han cometido los grandes pecados, siempre que se vuelvan sinceramente hacia Él.

Alabar a Dios debería surgir de forma natural

Si oímos hablar de una persona que es muy bondadosa, que ayuda a los pobres y necesitados, o de alguien muy inteligente y sabio, o de alguien muy fuerte, ¿no la apreciamos, la alabamos o sentimos admiración hacia ella de forma natural? Por ejemplo, alguien como la Madre Teresa, mundialmente famosa por su labor caritativa, o alguien como Einstein. Tales personas son amadas y alabadas en todo el mundo. Está en nuestra naturaleza amar y alabar a las personas por su bondad, su conocimiento y su sabiduría.

Conocer a Allah es el fundamento de la adoración

Si aprendes quién es Allah y sabes que los atributos de Allah, como Su sabiduría, generosidad, perdón y bondad, son insuperables y se dan en el más alto grado posible, ¿no lo hace eso entonces digno de ser alabado y adorado?

Conclusión

Por ello, conocer a tu Creador es el núcleo de la Ibadah (adoración), y si aprendes sobre Sus atributos y características, entonces te sientes naturalmente atraído a amarlo y a obedecerlo voluntariamente.

Continúa el viaje · Estación VI

El nuevo comienzo

Lo que enseña este mensaje — y cómo puede continuar tu propio viaje.

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