Para responder a la primera pregunta, cómo pudo haber surgido nuestro universo, imagina una casa que se compone de ladrillos, ventanas, puertas y un tejado. Ninguna de estas partes surgió por sí sola. Todas tuvieron que ser conseguidas y ensambladas. Así que cuando contemplamos una casa, sabemos que no surgió por sí misma, sino que alguien desde fuera se encargó de que surgiera.
Piensa ahora en nuestro universo, que está lleno de galaxias, estrellas, planetas, espacio y tiempo, así como de diversas leyes de la naturaleza. Afirmar que el universo se creó a sí mismo sería como decir que un libro se escribió a sí mismo, sin un autor, o que una casa puede construirse a sí misma, sin un constructor. Esto, naturalmente, no tiene ningún sentido.
Del mismo modo que una casa necesita un constructor y una historia necesita un autor, también el universo debe tener una primera causa. Necesita algo fuera de sí mismo que haya creado el universo. De lo contrario, el universo habría tenido que existir ya antes para crearse a sí mismo, lo cual es lógicamente imposible.
No obstante, alguien podría decir: “Quizá el universo no tiene principio ni fin. Quizá existe desde siempre y no necesita una primera causa.”
A primera vista, esto puede parecer perfectamente plausible. Pero una observación más detenida muestra que no es compatible con lo que sabemos por la ciencia y la lógica.
Primer punto: la energía total del universo es finita
La primera ley de la termodinámica establece que la energía dentro de un sistema aislado no puede crearse ni destruirse. Solo puede cambiar de forma. Esto significa que la cantidad total de energía en el universo ha permanecido siempre igual desde su origen.
Si el universo no hubiera tenido un comienzo, hasta hoy habría transcurrido un tiempo infinito. En ese tiempo, la energía utilizable disminuiría constantemente; por ejemplo, el calor se distribuye cada vez de forma más uniforme. Por eso, toda la energía estaría agotada desde hace mucho si el universo hubiera existido eternamente.
En palabras sencillas: imagina el universo como un reloj que funciona con pilas. La primera ley de la termodinámica establece que las pilas no pueden recargarse ni cambiarse. Solo pueden perder potencia con el tiempo, mientras el reloj funciona. Supongamos que el reloj hubiera estado funcionando desde siempre. Entonces las pilas estarían agotadas hoy.
Sin embargo, seguimos viendo estrellas brillar, planetas orbitar sus soles, galaxias desplazarse por el universo. Esto significa que el universo sigue estando lleno de energía utilizable. Esto demuestra de forma inequívoca que el universo no puede existir desde la eternidad. Por tanto, debe tener un comienzo y una causa.
Segundo punto: la segunda ley de la termodinámica lo confirma
La segunda ley de la termodinámica establece que las cosas dentro de un sistema cerrado se vuelven menos organizadas con el tiempo y la energía que podemos aprovechar desaparece lentamente.
Dicho de forma más sencilla: el calor siempre pasa de los objetos calientes a los fríos, de modo que al final todo tiene la misma temperatura. Si, por ejemplo, dejas una taza de café caliente sobre una mesa, esta cede calor al entorno. Por ello se enfría con el tiempo y finalmente alcanza la temperatura ambiente.
Si el universo existiera desde siempre, a estas alturas todo debería tener la misma temperatura. Sin embargo, observamos enormes diferencias de temperatura en todo el universo. Por ejemplo, las estrellas arden mientras el espacio permanece frío, y sigue habiendo movimiento y estructura en todo el universo.
Esto demuestra que el universo sigue estando lleno de energía y orden y, por tanto, no puede existir desde la eternidad.
Tercer punto: el Big Bang muestra que la energía tuvo un punto de partida
La principal explicación científica del origen del universo sostiene que el universo surgió hace unos 13 800 millones de años a partir de un estado extremadamente caliente y denso. Desde entonces, el universo se expande y se enfría. La energía original se ha transformado a lo largo del tiempo en diversas formas, como la materia y la radiación.
Esto confirma una vez más que el universo debe tener un comienzo.
Cuarto punto: la radiación de fondo de microondas confirma un comienzo
Una de las pruebas más sólidas del Big Bang es la radiación de fondo cósmico de microondas (CMB), la radiación residual del universo temprano. Hoy los científicos miden la temperatura de la CMB en unos 2,7 grados por encima del cero absoluto (kelvin). A medida que el universo se expande, la CMB se enfría.
Esto es importante, porque en un universo infinitamente antiguo no existiría una CMB con las propiedades observadas ni un enfriamiento sistemático. En cambio, lo que vemos es una cantidad limitada de energía que ha quedado del pasado y que se ha enfriado y extendido con el tiempo. Esto confirma igualmente que el universo no puede ser eternamente antiguo.
Con ello podemos concluir sin lugar a dudas que nuestro universo debe tener un comienzo y que, por tanto, algo creó el universo a partir de la nada.
Si llegado este punto le preguntas a la inteligencia artificial o también a algunas personas, es muy posible que te planteen alguno de los siguientes contraargumentos.
1. Una cadena interminable de causas
Un contraargumento sostiene que no hace falta una primera causa ni un creador si nuestro universo fue causado por otro universo, que a su vez fue causado por otro universo, y así sucesivamente, hacia atrás hasta el infinito.
¿Puede ser así? Supongamos que tomas prestado un libro. Le pides a un amigo un libro sobre elefantes africanos, pero él primero tiene que pedírselo prestado a otra persona. Esa persona se lo pide a otra, y así sigue interminablemente. Si la cadena nunca termina y nadie posee realmente el libro, ¿llegarás alguna vez a tenerlo en tus manos?
Por supuesto que no, el libro nunca llegaría a ti, aunque exista.
Si el universo formara parte de una cadena interminable de causas y ninguna de esas causas tuviera un verdadero comienzo, entonces nunca alcanzaríamos el momento presente. En ese caso, no podría existir universo alguno. Pero como el universo sí existe, sabemos que debe tener un comienzo.
Además, una cadena infinita de causas no explica por qué existe la cadena en absoluto. Cada eslabón depende del anterior, pero ninguno de ellos puede explicar por qué existe algo en general.
2. Partículas que surgen de la “nada”
Alguien podría decirte que en la física cuántica pueden surgir partículas diminutas de un “espacio vacío” aparente. ¿Significa eso que un universo sí puede surgir de la nada?
No. Las fluctuaciones cuánticas, en las que las partículas aparentemente surgen y desaparecen, ocurren dentro del espacio, el tiempo, la energía y las leyes físicas. Por tanto, se basan en un fundamento ya existente.
Dicho de otro modo: ocurren dentro del universo y no en la nada absoluta. Por tanto, no demuestran que el universo mismo pudiera haber surgido de la nada.
La lógica y la ciencia muestran de forma inequívoca que el universo surgió en un momento determinado y que, por tanto, fue creado por algo. Debe existir, pues, algo que no haya sido causado a sí mismo y que necesariamente exista fuera del espacio y del tiempo.