Lo que enseña este mensaje
Un mensaje que llama a los seres humanos a adorar a un solo Dios, a tratar bien a sus padres, a dar limosna a los pobres, a preservar su castidad, a tratar con amabilidad a sus vecinos, a no quitar jamás una vida inocente, a levantarse contra la opresión y la injusticia y a no traspasar los límites morales ni siquiera en la defensa.
Un mensaje que prohíbe la mentira, la maledicencia, el alcohol, el juego de azar, la explotación, los intereses (usura) y cualquier otro acto que te traiga sufrimiento a ti o a otros. Llama a los seres humanos a esforzarse por el conocimiento, a donar de aquello que aman, a desear para los demás lo que desean para sí mismos y a hacer el bien hasta el último aliento. Y la recompensa por todo esto: una vida eterna en el Paraíso.
Según el Corán, Dios ha enviado en distintas épocas profetas a determinados pueblos, desde Adán, pasando por Abraham y Moisés, hasta Jesús (la paz y las bendiciones sean con ellos). A los profetas se les concedieron milagros que probaban sus mensajes divinos. Como último profeta fue enviado el Profeta Muhammad ﷺ a toda la humanidad. El Corán es a la vez el milagro y el último mensaje, que rige para todos los seres humanos hasta el Día del Juicio Final. Fue revelado en una época en la que se enterraba vivas a las bebés, las mujeres no poseían derechos, los esclavos eran explotados y las personas eran valoradas por tribu y origen.
En esa misma época, las mujeres recibieron el derecho a la propiedad, a la herencia, a la educación y al comercio. Nadie podía en adelante tomar de su patrimonio sin su consentimiento ni cometer injusticia alguna contra ellas. Los huérfanos y sus bienes fueron puestos bajo protección. Los pobres y los esclavos recibieron derechos, nadie era ya superior a otro, salvo por la fe, las buenas obras, la taqwa (devoción, conciencia de Dios), así como por el cumplimiento de los mandamientos de Dios y la evitación de Sus prohibiciones.
Lo que el islam proclamó en el siglo VII como derecho divino, los seres humanos en Occidente solo pudieron conquistarlo con esfuerzo en el siglo XX mediante protestas, revoluciones y movimientos por los derechos civiles. Como contraste: en 1958 se cerró el último de los llamados “zoológicos humanos” en Europa, en los que se exhibía a personas de África como animales. Y en Alemania, hasta bien entrados los años setenta, el marido podía disponer del patrimonio de su esposa sin su consentimiento.
En el siglo VII, en cambio, Bilal ibn Rabah, un esclavo abisinio, recibió la honrosa posición de primer almuédano (el que llama a la oración), un símbolo de que la dignidad y el rango no dependen del origen, del color de la piel ni de la condición social. De una cultura desértica mayoritariamente analfabeta surgió en poco tiempo una civilización que durante siglos fue pionera en la ciencia. Sentó bases que marcan al mundo hasta hoy:
Al-Juarismi (780–850) desarrolló el álgebra, Ibn al-Haizam (965–1040) revolucionó la óptica, Ibn Sina (980–1037) compuso una de las obras médicas más influyentes de la historia, que se enseñó en Europa hasta el siglo XVII, Fátima al-Fihriya (857–859) fundó la primera y más antigua universidad del mundo que aún existe, por nombrar solo algunos.
Esta edad de oro no terminó a causa de la fe, ni por una lucha entre religión y ciencia como la que libró la Iglesia en la Edad Media, sino por diversos factores, como gobernantes musulmanes que se alejaron de los principios de la fe, luchas de poder, riqueza excesiva, así como guerras e invasiones devastadoras.
En el año 1258, Bagdad cayó víctima de los mongoles. Con ello fue destruida también la famosa Casa de la Sabiduría, la mayor biblioteca del mundo de aquel entonces. Mientras que las mejores bibliotecas de la Europa de aquella época apenas poseían más de unas pocas docenas de libros, solo esta colección abarcaba unas 400 000 obras de medicina, matemáticas y teología. Los incontables escritos fueron arrojados al Tigris, que se tiñó de negro por la tinta. Con esta destrucción, el mundo perdió uno de sus mayores centros del saber.
En España, en 1492, con la Reconquista, llegó a su fin un dominio musulmán de casi 800 años que había convertido a Andalucía en un centro de ciencia y arquitectura. En los siglos siguientes, el colonialismo, el imperialismo y las repetidas intervenciones militares, como por ejemplo en Irak, Somalia, Afganistán, Libia, Yemen y Siria, condujeron a la desestabilización política y económica de amplias partes del mundo islámico, cuyas consecuencias llegan hasta el presente. Esto allanó el camino a regímenes autoritarios que representaban menos los principios islámicos que sus propios intereses de poder y los de otros países.
Pero ni el colonialismo, ni las guerras, ni los regímenes autoritarios, ni la propaganda antiislámica pudieron apagar la luz de este mensaje. Al contrario: el islam es la religión que más rápido crece y cada año encuentra nuevos seguidores en todas las partes del mundo. Pues el islam no está ligado a un pueblo o una nación determinados, sino que se dirige a toda la humanidad. Es una religión completa que reúne fe, legislación y nobles rasgos de carácter. Ordena todos los ámbitos de la vida humana, tanto espiritual como corporalmente, y regula la relación del ser humano con su Creador, consigo mismo, con su familia y con su sociedad.
Es un mensaje atemporal que se fundamenta en principios firmes procedentes del Corán, de las enseñanzas del Profeta ﷺ y de los fundamentos de la jurisprudencia islámica. En un mundo cambiante, el islam sigue siendo, por ello, una guía universal que orienta al ser humano en todos los aspectos de su vida, con independencia del tiempo y del lugar.
¿Qué opinas:
¿Por qué nunca antes habías oído nada sobre los milagros del Corán o sobre las numerosas tradiciones que muestran la incomparable misericordia, generosidad y bondad del Profeta Muhammad ﷺ?
En cambio, se te alimenta de forma deliberada con imágenes e información negativas (lo que se conoce también como encuadre o framing) para que no leas el Corán por ti mismo y te formes tu propia opinión. Para que dejes el juicio a aquellos que más tienen que perder si las personas siguieran la verdad y confrontaran su sistema.
Un sistema que se basa en la codicia, la desigualdad, la explotación, los intereses (usura), el soborno, la corrupción y la propaganda, y que fomenta la difusión del alcohol, las drogas, la pornografía y la prostitución. Cosas que el islam prohíbe con el mayor rigor. En cambio, obliga a los ricos a entregar cada año el 2,5 % de su patrimonio a los necesitados, y prohíbe el acaparamiento de su riqueza.
No sorprende, pues, apenas que los más poderosos grupos mediáticos y políticos, que a menudo sirven a los intereses de las élites y los ricos, presenten sistemáticamente al islam como una amenaza. Pues el islam confronta su sistema.
El final del viaje
Con ello hemos llegado al final de nuestro viaje.
Imagina ahora que fueras a iniciar un juego complejo que tiene consecuencias eternas. Para que puedas superar el juego con éxito, recibes una guía clara y detallada del desarrollador del juego. La guía contiene el objetivo del juego, explica las reglas y te advierte de los peligros. La guía es, pues, tu orientación, que contiene todo para que puedas completar el juego con especial éxito. En una situación así, ¿ignorarías la guía y simplemente te pondrías a jugar?
Nadie la ignoraría, ¿verdad?
Imagina a continuación que despiertas después de la muerte y descubres que durante toda tu vida has ignorado la verdadera guía y no has cumplido el sentido de tu vida. Pero, por desgracia, no puedes volver como en un juego y empezar de nuevo desde el principio.
El Corán es tu guía, la palabra del Creador que creó los cielos y la Tierra. Es un mensaje y una orientación que te explica por qué existimos, cuál es nuestra tarea en esta vida, por qué existe el sufrimiento, por qué Dios no castiga de inmediato a los tiranos, qué nos espera después de la muerte y cómo superas con especial éxito tu prueba en la Tierra. El Corán advierte, por un lado, contra la injusticia, la opresión, el pecado y la incredulidad, lo que conduce al Fuego. Y, por otro lado, invita a la justicia, a la misericordia, a la conciencia de Dios, a la fe, a las buenas obras, al camino recto, que conduce al Paraíso eterno.
Si llegado este punto tuvieras alguna pregunta sobre el islam, entonces puedes acudir a una mezquita cercana o contactarla por teléfono. Por lo general, deberían poder responder a tus preguntas.
Si deseas ponerte en contacto conmigo, eso también es posible. Puedes localizarme a través de las siguientes vías.
Con gusto te ayudo, ya sea con respuestas a tus preguntas, recomendaciones de libros o en la búsqueda de una comunidad musulmana cerca de ti. Si no tuvieras más preguntas y desearas abrazar el islam, entonces solo tienes que pronunciar el testimonio de fe en árabe o en una lengua que conozcas.
„Ashhadu an la ilaha illa-llah, wa ashhadu anna Muhammadan rasulu-llah“
Traducido significa: „Doy testimonio de que no hay más divinidad que Dios (Allah), y doy testimonio de que Muhammad es Su Mensajero“.
Si crees de corazón este testimonio y lo pronuncias, entonces eres musulmán. En cuanto una persona abraza el islam, todos sus pecados anteriores le son perdonados. La palabra árabe “islam” significa entregarse a la voluntad de Dios, y la palabra “musulmán” designa a alguien que entrega su voluntad a Dios.
Los cinco pilares del islam
El testimonio de fe
El testimonio de fe es el primero de los cinco pilares del islam. Abrazar el islam significa entregarse conscientemente a la voluntad de Dios (Allah), someterse a Sus mandamientos y prohibiciones divinos y confiar en Él en todas las circunstancias de la vida.
Esto no significa una pérdida de tu libertad. Las leyes en una sociedad deben proteger el bienestar y la libertad de todos. Quien cumple estas leyes de forma voluntaria no restringe su libertad. Al contrario, asegura y protege su propia libertad y la de todas las personas de esa sociedad. Aunque la libertad no sea con ello ilimitada.
Según el mismo principio, el ser humano no pierde su libertad por cumplir los mandamientos divinos. Dios es omnisciente, misericordioso, bondadoso y solícito, Él nos ha creado y sabe lo que es mejor para nosotros. Sus leyes sirven, pues, al bienestar y la protección del ser humano. Quien sigue estos mandamientos no pierde, por tanto, su libertad, sino que orienta toda su vida hacia lo que es mejor para él y para la sociedad.
Las cinco oraciones diarias
El segundo pilar del islam son las cinco oraciones diarias. Los musulmanes deben realizar cada día cinco oraciones obligatorias. Las oraciones están repartidas a lo largo del día: una a primera hora de la mañana antes del amanecer, una al mediodía, una por la tarde, una tras la puesta del sol y una durante la noche. La oración es una conexión directa entre tú y Dios. No hay ningún intermediario entre tú y Dios, como por ejemplo un sacerdote. Si deseas pedir algo a Dios (Allah), hablas directamente con Él. Si cometes faltas, no tienes que revelarlas ante otros, sino que le pides a Dios (Allah) mismo el perdón.
El impuesto de la limosna (Zakat)
El tercer pilar del islam es el impuesto de la limosna (Zakat en árabe). Los musulmanes cuyo patrimonio equivale al menos al valor de 87,48 gramos de oro deben entregar una vez al año el 2,5 % de su patrimonio como Zakat. La palabra árabe “Zakat” significa, entre otras cosas, “purificación” y “crecimiento”, y apunta con ello a la purificación espiritual del patrimonio. Mediante esta contribución se apoya a las familias pobres y de bajos ingresos, así como a los demás grupos con derecho a recibirla. Al mismo tiempo, el Zakat contrarresta que las personas se vuelvan codiciosas o acumulen riqueza sin compartir.
Statista publicó en noviembre de 2025 las siguientes cifras:
“En 2024, el 1,6 por ciento de la población mundial poseía alrededor del 48,1 por ciento de la riqueza mundial. En cambio, alrededor del 40,7 por ciento de la población mundial poseía apenas el 0,6 por ciento de la riqueza mundial.”
Esta extrema desigualdad muestra el potencial que encierra el Zakat para aliviar la necesidad social y reducir la pobreza de forma eficaz.
El ayuno en el mes de Ramadán
El cuarto pilar es el ayuno en el mes de Ramadán. Cada año, los musulmanes de todo el mundo ayunan en el mes de Ramadán desde el amanecer hasta la puesta del sol. Durante el día no se come ni se bebe. Además, los cónyuges no pueden mantener relaciones íntimas durante ese tiempo. Asimismo, no se debe herir a nadie con palabras, no se deben usar expresiones malas u ofensivas ni hacer daño a nadie con las manos.
La peregrinación a La Meca
El quinto pilar del islam es la peregrinación a La Meca. Todo musulmán debe realizar una vez en la vida la peregrinación a La Meca, siempre que esté física y económicamente en condiciones de hacerlo. Normalmente se reúnen alrededor de dos millones de personas de todo el mundo para realizar la peregrinación. Durante la peregrinación, todos los hombres llevan en esencia la misma vestimenta, un manto blanco (el “Ihram”). Esto simboliza que no hay diferencia entre un rico y un pobre, entre un político, un directivo, un obrero, un árabe o un no árabe, alguien de piel oscura o clara.
Los seis pilares de la fe (Iman)
Además de los cinco pilares del islam, existen seis pilares de la fe (Iman) en los que todo musulmán debe creer:
Creencia en Dios (Allah)
Solo hay un Dios, Allah, que no tiene socio ni hijo. La palabra árabe “Allah” no posee género ni forma plural. Allah es omnisciente, misericordioso, todo lo oye y todo lo ve. En el Corán, Él se describe a Sí mismo mediante Sus nombres y atributos. Estudiarlos ayuda a conocer mejor a Dios.
Creencia en los ángeles
Los ángeles son en el islam parte del mundo de lo “invisible”, que no podemos comprender, pero los ángeles han sido mencionados en muchos lugares del Corán y de la Sunna. Fueron creados de luz y ejecutan las órdenes de Allah sin libre albedrío. No comen, no duermen y no enferman. Cada ser humano tiene dos ángeles que registran sus buenas y malas acciones. El más grandioso de todos los ángeles es Gabriel (la paz sea con él), que transmitió a los profetas los mensajes de Dios (la paz y las bendiciones sean con todos ellos).
Creencia en las escrituras sagradas
Dios ha hecho descender libros a Sus profetas como prueba y guía para la humanidad. Allah reveló al Profeta Abraham las escrituras, al Profeta David los Salmos, al Profeta Moisés la Torá, al Profeta Jesús el Evangelio y, finalmente, al Profeta Muhammad el Corán (la paz y las bendiciones sean con todos ellos).
Desde hace más de 1400 años, personas de todo el mundo, en distintas regiones y continentes, con distintos maestros y de generación en generación, memorizan el Corán. Millones han memorizado los mismos versículos, palabra por palabra, y cientos de millones conocen de memoria una parte del Corán.
Que hoy millones sepan de memoria el mismo texto solo puede significar que el texto ha permanecido inalterado. Para afirmar lo contrario, habría que creer que todas esas personas de distintos siglos y regiones se reunieron en un punto y acordaron un texto idéntico, lo cual es completamente imposible.
Además, manuscritos de los primeros siglos de la era islámica muestran que el tenor del Corán coincide por completo con los versículos transmitidos hoy, quedando así probada su preservación continua. Dios dice que Él protege al Corán de toda falsificación.
“Yo he revelado el Corán y Yo soy su custodio.”
[15:9]Traducción del significado del versículo coránico: Sheij Isa García.
Con ello, el Corán es la última revelación de Dios, plenamente preservada.
Creencia en los profetas
Los musulmanes creen en todos los profetas y mensajeros, desde Adán, pasando por Noé, Abraham, Ismael, Isaac y Jacob, hasta Moisés, Jesús y el último profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con todos ellos).
Creencia en el Día del Juicio Final
Después de la muerte, todos los seres humanos resucitarán y serán llamados a rendir cuentas por sus actos. O bien el ser humano entra para siempre en el Paraíso, o para siempre en el Infierno, o, tras un cierto tiempo en el Infierno, al final para siempre en el Paraíso.
Creencia en el decreto divino (al-Qadar)
La creencia en al-Qadar comprende los siguientes cuatro aspectos:
Primero: la creencia de que Allah lo sabe todo.
Segundo: que Allah ha dejado escrito todo lo que ha sucedido y lo que sucederá.
Tercero: la creencia de que todo lo que ocurre en este universo ocurre por la voluntad de Allah. Lo que Él no quiere, no ocurre. Nada existe fuera de Su voluntad.
Cuarto: la creencia de que Allah es el Creador de todas las cosas, incluidas las acciones de los seres humanos. Allah no solo ha creado al ser humano, sino también sus capacidades y su voluntad. Con estas posibilidades dadas por Allah, los seres humanos realizan buenas o malas acciones. El ser humano posee, pues, la libertad de elegir entre lo correcto y lo incorrecto, y será llamado a rendir cuentas por esas decisiones. Con ello, el ser humano no puede decir que fue forzado al pecado o que no tuvo elección.
¿Qué puedes hacer a continuación?
- Lee la traducción del significado del Corán en tu lengua materna y fórmate tu propia opinión.
- Investiga las palabras y las acciones del Profeta ﷺ en las tradiciones auténticas. Son un ejemplo de cómo se lleva el Corán a la práctica. Comienza, por ejemplo, con la famosa colección “los Cuarenta Hadices” del Imam An-Nawawi.
- Descubre los 99 nombres de Allah, que describen Sus atributos perfectos y te enseñan quién es Él.
- Visita una mezquita y habla con musulmanes que practican el islam conforme al Corán y a las acciones del Profeta ﷺ.